Misión diplomática en Londres

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Missione a Londra (misión diplomática en Londres ) es el título de un librito que recoge los recuerdos del conde Stanislao Medolago Albani, camarero secreto del papa San Pío X (D’Ettoris Editores, Crotona 2023, editado por Luisa Maddalena Medolago Albani, con prefacio de Marco Invernizzi).

Stanislao Medolago Albani nació en Bérgamo en 1851. Era hijo del conde Gerolamo y de Benedetta de Maistre, descendiente del célebre conde saboyano. Tras estudiar teología y filosofía en la Universidad Gregoriana, ejerció un importante papel dentro del movimiento católico. El P. Paolo de Töth, que escribió una hermosa biografía de él, afirmaba que «escribir la vida del conde Medolago Albani es lo mismo que contar la historia de la Acción Católica italiana». Falleció en Bérgamo el 3 de julio de 1921.

Al igual que Töth, Medolago perteneció al sector más intransigente del catolicismo italiano y gozó por tanto de singular aprecio por parte de San Pío X, que en 1905 les encomendó a él y al beato Giusseppe Toniolo la misión de reorganizar el movimiento católico después de la supresión de la Obra de los Congresos, que había sido infiltrada por el modernismo. El 11 de abril de 1911, Medolago recibió una carta del Secretario de Estado de Pío X, Rafael Merry del Val, en la que el cardenal le comunicaba la intención del Papa de llamarlo a formar parte de la legación pontificia que el siguiente mes de junio se dirigiría a Londres para asistir a la coronación de Su Majestad el rey Jorge V de Inglaterra. En la representación, presidida por  monseñor Gennaro Granito Pignatelli de Belmonte, que en noviembre del mismo año ascendería al cardenalato, participaron igualmente moseñor Eugenio Pacelli, vicesecretario de la Sección para las Relaciones con los Estados, y el conde Francesco Bezzi Scali, de la Guardia Noble de Su Santidad.

La misión diplomática pontificia llegó a la capital británica el 19 de junio. Sus integrantes fueron recibidos por los soberanos ingleses, y el 22 del mismo mes se les asignó un puesto de honor en el cortejo real que se dirigiría hasta la abadía de Westminster. Los representantes pontificios evitaron, no obstante, asistir a la función religiosa en la que el soberano, jefe de la Iglesia Anglicana, hizo pública profesión de su fe protestante. La participación de la Santa Sede en la coronación del soberano británico era en efecto un acto diplomático, no ecuménico. Al día siguiente, los integrantes de la misión diplomática participaron con traje de gala en el pomposo segundo desfile real por las calles de la capital inglesa. En la relación que escribió al Papa, monseñor Granito di Belmonte afirmó: «Lo que más ha distinguido la afectuosa y simpática acogida de que hemos sido objeto ha sido la voluntad manifestada por los monarcas de honrar en el represente a la persona del Santo Padre, con calurosas aclamaciones populares aprobadas por la mayor cantidad de príncipes extranjeros que tuvieron el honor de imitar el ejemplo de los soberanos británicos».

Jorge V, rey de Gran Bretaña e Irlanda y de los dominios británicos de ultramar y emperador de la India, además de ser la cabeza de la Iglesia Anglicana era Gran Maestre de la Masonería inglesa. En Inglaterra, patria del socialismo fabiano y del entonces naciente feminismo, abundaban las sectas esotéricas. Annie Besant dirigía la Sociedad Teosófica y había fundado en Londres la primera logia masónica femenina. Personajes como Oscar Wilde encarnaban la más descarada transgresión moral de la época. El 15 de julio de 1909 había fallecido en Storrington, en el Reino Unido, el sacerdote modernista George Tyrrell, al que Pío X había excomulgado dos años antes. Los   bancos de inversiones ingleses eran los amos de las finanzas internacionales, y la City de Londres era, junto con Wall Street, uno de los centros del proyecto imperialista anglonorteamericano. Tanto Pío X como su Secretario de Estado eran plenamente conscientes de esta situación, pero en ningún momento demonizaron a la casa real inglesa ni calificaron a la anglosfera de mal absoluto.

En Inglaterra vivían 32 millones de católicos, y se estaba formando un movimiento de regreso a la Iglesia de Roma que habían iniciado el cardenal Nicholas Wiseman, el beato Domingo de la Madre de Dios y el Movimiento de Oxford durante el pontificado del beato Pío IX. En 1570, San Pío V había excomulgado a Isabel I y liberado a los católicos ingleses del juramento de fidelidad a su soberana, porque en aquella coyuntura histórica todavía era posible, gracias a la ayuda de la España de Felipe II, la reconquista militar y religiosa de Inglaterra. Tres siglos más tarde, el interés prioritario de la Iglesia de Roma era reconquistar la libertad en un reino ya protestantizado.

León XIII había hecho como San Pío X cuando en 1887 decidió enviar una legación pontificia a Londres presidida por el arzobispo Luigi Ruffo Scilla, a fin de cumplimentar a la reina Victoria con ocasión de las bodas de oro de su asunción al trono. Entre las instrucciones que dio el secretario de estado Mariano Rampolla al legado pontificio se elogiaba al Reino Unido porque, a pesar de ser oficialmente anglicano, no ponía impedimentos en sus dominios  al culto católico y mostraba   deferencia «a la Iglesia Católica, de manera especial en las misiones del Canadá y las Indias Orientales».

«El fidelísimo Duque de Norfolk –escribía el 3 de julio de 1887 el cardenal Henry Edward Manning, arzobispo de Westminster a León XIII– ha prodigado la más   esmerada   hospitalidad, una multitud de nuestros fieles ha acudido en masa a la Catedral el día del Jubileo cuando monseñor Ruffo Scilla me hizo la caridad de decir una solemnísima Misa pontifical. Nuestra Reina ha dado en el palacio de Londres y en el castillo de Windsor grandes muestras de veneración por la persona de Vuestra Santidad y de respeto y benevolencia hacia el legado» .

En 1887, Rafael Merry del Val, que a la sazón contaba 22 años, fue designado por el Santo Padre secretario de la pontificia legación diplomática a Inglaterra. Era londinense de nacimiento, español de familia y romano de espíritu. En 1901, León XIII lo envió una vez más a Londres para llevar su congratulación al nuevo monarca Eduardo VII. Siendo ya Secretario de Estado durante el reinado de Pío X, Merry del Val quiso consolidar las cordiales relaciones de amistad con la corte de los Windsor. La intransigencia doctrinal para con el protestantismo, el liberalismo y la Masonería se aunaba en él a una gran flexibilidad política y, ante todo, a un intenso amor por el pueblo inglés. La encíclica Apostolicae curae de León XIII, publicada el 13 de septiembre de 1896, que declara la invalidez de las ordenaciones anglicanas, concluye con una oración generalmente atribuida a Merry del Val, y que merece la pena reproducir por entero: «Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, Reina y Madre nuestra dulcísima, volved vuestros ojos piadosos a Inglaterra, pueblo de vuestra propiedad. Volvedlos a todos nosotros, que confiamos vivamente en Vos. Por Vos nos fue dado Cristo, Salvador del mundo, fundamento de nuestra esperanza, y Vos misma nos fuisteis entregada por El para acrecentar esta espe­ ranza. Ea, pues, oh Madre dolorosísima, rogad por nosotros, pues nos acogisteis como hijos al pie de la Cruz del Señor; interceded por nuestros hermanos separados para que, con nosotros, se congreguen en el único redil verdadero junto al supremo Pastor, el Vicario de vuestro Hijo en la tierra. Rogad por nos, oh piadosísima Madre, para que por nuestras buenas obras merezcamos contemplar y alabar eternamente con Vos al Señor en la patria celestial. Así sea».

La Iglesia no ha satanizado jamás a ningún pueblo. No lo hizo ayer y no lo hace hoy. Al igual que todo individuo, toda sociedad puede volver las espaldas a Dios, pero puede también volver a sus brazos, correspondiendo a la gracia divina. Los conflictos que azotan al mundo deben ser siempre vistos desde una perspectiva sobrenatural y no política ni ideológica, teniendo presente que la Iglesia es madre y no madrastra de los pueblos y que su misión es católica, es decir universal.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)